La última etapa de nuestra guía fuera de las relaciones insanas.
5. Lejos de la vista
Evidentemente, si tienes problemas para terminar una relación, es por que hay una buen porcentaje de inseguridad en ti misma. Eres alguien fácil de convencer, incluso en contra de tu propia conveniencia, y por ello tienes que poner una muralla entre tu persona y los asaltos de las voces del pasado.
Apaga tu celular, no contestes el teléfono, no te conectes, borra tu perfil de Facebook, no abras el messenger, y no te muestres por los sitios habituales y compartidos con tus ex.
Si, por el contrario, te consideras una persona dura y con las zonas sensibles bien blindadas, ¿para qué permitir que eso ocurra ahora? Lo mismo vale: la palabra de este momento es “distancia”.
Amén de la seguridad que te dará en cuanto a la decisión que tomaste, la brecha te permitirá pensar con mayor objetividad en la relación, y en la forma en que debes abordar la siguiente.
Sobre todo, por mucho que te pueda doler el estado de tu ex tras la ruptura, recuerda que no es tu responsabilidad. No es una mascota que no sepa defenderse de la vida.
El hecho de que sepas que tu flamante ex no puede ser un buen enemigo, no significa que lo agendes como tu enemigo
4. No hagas enemigos En la cita de la ruptura las buenas maneras son esenciales, y resultarán vitales para tu futuro y evitarte pesadillas.
No hagas un nuevo enemigo de la persona a la que no quieres. Eso sería evadir tu responsabilidad en el fracaso de la relación. Si quieres crecer emocionalmente, y que tu próxima relación llegue a terreno saludable, y al final feliz, entonces no descargues toda tu ira y frustración en alguien que, como tú, eligió mal: al alguien que le amaba menos de lo que amaba. ¿Podemos identificarnos con ello, no?
El tercer paso en nuestro método de la ruptura perfecta
3. No te preocupes por conservar un amigo
La verdad es esta: tienes los amigos que necesitas. Y una persona que conoce tus flancos débiles y que, sin duda, los usaré para manipularte hasta que consiga que cometas un error que te devuelva a sus brazos, no será un amigo, sino un ex a la expectativa.
El siguiente paso en nuestra guía del corte sano e indoloro.
2. Di lo que quieres
En sus inicios y finales, las relaciones son acerca de lo que se quiere realmente. De modo que todo argumento en favor o en contra de una relación versa sobre lo que deseaS en realidad, y nada más. Di lo que deseas y no tienes en esta relación. Di lo que querías y no va a llegar. Di lo que deberían tener, y no tienen. Mantén tus argumentos en los términos más sencillos posibles.
En lo que se refiere a las relaciones, las buenas maneras y la compasión sólo conducen al desastre. Cuando no va más, no va más, y no hay pero que valga. Lo que está mal, sólo estará peor, y si no tienes el valor de cortar por lo sano, lo peor será irremediable, y te verás atada a una relación sin vida y por compromiso. De manera que si ya has visto el iceberg en el el horizonte, a qué esperas: rompe con estilo y oportunidad.
Si alguna vez algún hombre se ha esforzado tanto en quedar bien contigo, al punto de portarse como un idiota, deberías tomártelo como un halago. Al menos eso es lo que nos invita a creer la ciencia, de la mano del Journal of Experimental and Social Psychology: la belleza femenina hace más brutos a los hombres, dañando gravemente su capacidad de concentración y memoria.
Un psicólogo holandés se descubrió incapaz de recordar la dirección de su propia casa tras una charla con una mujer desconocida. La situación le llevó a realizar un estudio con 40 hombres y 40 mujeres heterosexuales para comprobar el efecto de la belleza femenina sobre la mente.
Tantos hombres como mujeres fueron sometidos a la misma prueba: comprobar el número d aciertos al reconocer figuras vistas unos segundos antes. Una vez realizada la primer etapa de la prueba, los individuos charlaban 7 minutos con una guapa asistente. Después, realizaban de nuevo la prueba.
El resultado arrojó datos demoledores: la mayor parte de los hombres tuvieron problema de memoria tras la charla con la asistente. Las mujeres, no. De hecho, entre más encanto mostraron los hombres para agradar a la asistente, más fallaron.
Los resultados se basan en nuestras actitudes hacia el sexo opuesto (en un contexto heterosexual). Los hombres enfocan toda su energía en una buena candidata para la reproducción. Las mujeres, en cambio, buscan una pareja saludable, empática y fuerte, características que no se califican con una mera mirada.
¿Quieres que en tu dormitorio pase algo más que bostezos y buenas noches? Tal vez el problema no es la comunicación ni el amor, tampoco vuestro estado de salud o “rendimiento”, sino simple y llanamente hay algo que sobra: la tele.
Según un estudio (cuya veracidad no hemos podido comprobar que nos suena muy cierto), las parejas que no tienen televisor en su dormitorio tienen el doble de relaciones sexuales que las que cuentan con uno frente a la cama.
De hecho, la cifra parece ser tan cierta que en la India han decidido implementarla como método anticonceptivo entre las familias más pobres (en las villas de la miseria del país oriental, la media de hijos por pareja es de 3,5). Las creencias religiosas impiden el uso de anticonceptivos más ortodoxos, y que sepamos ningún líder religioso se ha pronunciado contra poder anti pasiones de la televisión. De modo que el gobierno indio está colocando redes eléctricas en los barrios más pobres del país para atenuar los nacimientos entre los sectores excluidos.
Así que ya lo sabes: contribuye con la causa, envía tu televisión a la India, y enciende tu imaginación.
Parece que cuando llega el momento de poner sobre la mesa algo que no está marchando muy bien (el tan temido “tenemos que hablar”), los hombres tienen más problemas para sobrellevar el trance, pues culturalmente se les ha obligado a ocultar sus emociones.
La dinámica varía en cada pareja, pero hay una constante: la mujer expresa lo que siente, el hombre se muestra incómodo y apenas reacciona contestando con monosílabos. El asunto se intensifica mientras más habla ella y más silencio le otorga él, terminando cada cual en sus respectivas e insatisfechas esquinas.
¿Por qué sucede esto? ¿Qué pueden hacer ambos para resolver el conflicto?
1. Aclaren que hablar no es lo mismo que “culpar”: Los hombres se sienten heridos cuando perciben que fallan, así que imaginar que no hace feliz a su pareja le produce una sensación de fracaso.
2. “Ponte en mi lugar”: la empatía es lo más importante en la comunicación. Consideren en todo momento cómo se sentiría estar en el lugar del otro.
3. Frenen las faltas de respeto: Todavía es común que algunos hombres digan “estás loca”, o “no seas absurda” para hacer sentir insegura a su pareja. Si desean que la discusión sea beneficiosa para ambos, deténganse. Señalen con toda la calma de la que sean capaces aquellas cosas que durante la charla les lastimen.
Es complicado, pero no imposible. Si los dos cooperan, podrán hablar de lo que sienten sin temor a acabar distanciados.
Como explican los expertos en relaciones personales, a muchos hombres les resulta imposible engañar a sus mujeres cara a cara, mientras que, al contrario, es fácil porque a ellos les cuesta detectar incongruencias entre el mensaje verbal y el corporal. Ella analizará todas las palabras que salgan de su boca y sus movimientos. “La única vez que mi novio tuvo un desliz, lo pillé rápido. Se dedicó a darme todo lujo de detalles, cuando normalmente hay que sacarle una por una las palabras” asegura más de una mujer engañada.
Si la mujer cree que su pareja le está mintiendo, observará todos sus gestos, prestará especial atención a sus reacciones, estará atenta a las pistas no verbales, detectará rápidamente cualquier contradicción y no tardará mucho en captar que algo no funciona como siempre. Además, un sexto sentido les permite intuir que habrá problemas, mientras que ellos se percatan de que existen cuando ya los tienen encima.
Tanto al comienzo de una relación como cuando llevas muchos años con tu pareja resulta muy aconsejable que te pares a analizar qué es lo que funciona y qué comportamientos podrías cambiar para que los dos disfruten más. Para ello, potencias ciertas cualidades personales resulta clave por su influencia en la propia relación de pareja. Terrence Real, autor de ¿Cómo puedo entenderte? (Urano) destaca éstas:
Tener una sana autoestima: Valorarte en la justa medida, sin defectos ni virtudes.
Conocerte lo suficiente: sé consciente de tus pensamientos, emociones y sensaciones para poder compartirlas, evitando tanto el aislamiento como el perfeccionismo.
Establecer los límites adecuados para protegerte emocionalmente sin dejar de comunicarte, y, así, no caer en la susceptibilidad excesiva ni el desinterés extremo.
Tomar conciencia de los deseos propios para evitar la dependencia o la falta absoluta de necesidad del otro.
Conseguir la moderación, tanto en nuestras experiencias como en nuestras expresiones, huyendo de la inmadurez o la sobriedad.
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