Actualmente, existe la creencia generalizada (apoyada por la mercadotecnia) de que para ser una mujer realizada hay que tenerlo todo: una exitosa carrera profesional, esposo, hijos, casa propia, el don de la cocina internacional y un buen quitamanchas para la ropa. Por otro lado, a las mujeres que aún no obtienen el paquete completo (es decir, aquellas que tienen una exitosa carrera profesional y una sólida posición económica, pero que aún no cuentan con una pareja y/o hijos) se les sigue insistiendo sobre la inconveniencia de ser demasiado ambiciosas o independientes, tanto así que aquellos potenciales compañeros se “asusten” al pensar que quizá no se les necesite. ¿Qué hacer?
La verdad es que hay demasiada presión social sobre el papel que le corresponde desempeñar a la mujer contemporánea en todas las esferas de su vida. Pero, ¿qué hay del sexo opuesto?
Tanto si tienes pareja como si no, recuerda que no hay necesidad de que nadie se asuste. La comunicación en este aspecto es esencial: los hombres también deben participar en los cambios que están llevándose a cabo en lo personal, familiar y laboral. Es necesario definir a qué le temen y qué es lo que desean verdaderamente para poder conciliar las metas de unas y otros, y así conseguir relaciones amorosas plenas y armónicas.
El sobrepeso es una epidemia de nuestro tiempo. El mundo ha cambiado tanto en la forma de producir los alimentos como en la manera de prepararlos y venderlos. También la manera en que trabajamos y nos desplazamos para realizar nuestras actividades: nos movemos menos, comemos peor. Los múltiples factores que inciden en el sobrepeso chocan terriblemente con la imagen que los productos mediáticos nos ofrecen como ideal, produciendo una frustración muy grande en la mayoría de la población.
Las personas con sobrepeso (que no obesidad, y especialmente las mujeres), sufren más que nada, incluso más que por las enfermedades derivadas por el exceso de grasa corporal, una baja considerable de amor propio. La National Slimming Survey, prestigiosa encuesta realizada en el Reino Unido hace un par de años, establece que “las personas con sobrepeso son ahora perseguidas públicamente de una forma tal que resultaría inaceptable para cualquier otro grupo de ciudadanos”. Desde los calificativos despectivos (“la gordita”, “el tonel”, etcétera) hasta el énfasis en sus tipos de personalidad (“no tiene control” “no se quiere a sí misma”). ¿Cuáles son las consecuencias? Las cifras son alarmantes: 89% de las encuestadas presentan desprecio a sí mismas, 91% depresión y 82%, angustia por los efectos futuros en su salud.
¿Cómo llevar esta situación de la mejor forma posible? Continúa leyendo.
Esa vulnerabilidad surge cuando comienzan los ciclos menstruales, al parecer a causa de las fluctuaciones hormonales. Los científicos creen que, al mismo tiempo que las hormonas permiten a la mujer tener esa mayor sensibilidad para captar y responder ante las emociones, también las hace doblemente propensas a sufrir depresión.
¿EXISTE LA FAMOSA INTUICIÓN FEMENINA?
Está comprobando que tiene una base biológica. Las mujeres podemos ser más intuitivas y más empalicas. En parte se debe a esa capacidad para leer expresiones faciales y distinguir matices en los tonos de voz, pero intervienen otros factores. Los estudios sobre imágenes cerebrales muestran que, al observar o imaginar a otra persona en un estado emocional concreto, se pueden activar automáticamente actitudes similares en nuestro cerebro.
¿POR QUÉ LAS MUJERES NO MUESTRAN SU AGRESIVIDAD ABIERTAMENTE?
Hombres y mujeres pueden sentir el enfado y la rabia con la misma intensidad. La diferencia está en cómo la canalizan. El hombre tiende a entrar más en conflicto y a pelearse. De hecho, sus circuitos cerebrales lo hacen más propenso a la agresión física. La mujer parece evitar el conflicto, lo cual no quiere decir que no sienta esa agresividad.
¿TODAS LAS MUJERES TIENEN INSTINTO MATERNAL?
Biológicamente, todas poseen el potencial de tenerlo, pero la realidad demuestra que no todas lo desarrollan o, simplemente, no sienten interés por tener hijos. Lo que sí parece es que el contacto con bebés puede estimular en el cerebro la liberación de hormonas que inducen al deseo de tener un niño.
¿LA MATERNIDAD CAMBIA EL CEREBRO DE LA MUJER?
La maternidad transforma los drcuitos cerebrales femeninos gradas a la liberadón de grandes cantidades de oxitodna. Esta hormona, activada por el parto y fortaledda por el contacto físico con el bebé, la dota de un cerebro maternal, atento y protector que obliga a la madre a cambiar sus prioridades y la lleva a proteger celosamente a sus hijos. Este instinto maternal se instala en el cerebro para siempre.
Las hormonas femeninas afectan al funcionamiento del cerebro desde su formación. Te contamos las principales curiosidades del cerebro femenino.
¿CUÁLES SON LAS PRINCIPALES DIFERENCIAS ENTRE EL CEREBRO DEL HOMBRE Y DE IA MUJER?
Ambos son muy similares, pero cada uno tiene su propia realidad hormonal. Las hormonas influyen en cómo nos sentimos y en nuestro estado de ánimo. Además, son las responsables de sutiles diferencias en la formación de los circuitos cerebrales, que guían nuestros impulsos e influyen en la visión que tenemos del mundo y cómo nos relacionamos con él. Estas diferencias guardan relación con aspectos como la reproducción, la sexualidad y el afán de proteger a las crías mientras no se valen por sí mismas.
¿CUÁLES SON LAS ZONAS MÁS DESARROLLADAS?
El cerebro de la mujer tiene más desarrolladas aquellas zonas que se encargan de procesar emociones, activar sentimientos viscerales y registrar en la memoria momentos con una fuerte carga emocional.
¿CUÁLES SON SUS PUNTOS FUERTES Y DÉBILES?
El punto fuerte del cerebro femenino, y que muchos hombres no conocen, es esa capacidad de captar matices emocionales. Éso tiene su contrapartida, ya que puede considerarse, al mismo tiempo, como un punto débil: el hecho de que la mujer sea tan sensible hace que, a menudo, se la acuse de ser demasiado susceptible.
¿LAS FLUCTUACIONES HORMONALES AFECTAN MÁS A LA MUJER?
Se sabe que a la mujer las hormonas la afectan en muchos aspectos, entre ellos su estado de ánimo. En los dos días antes de la ovulación y durante las dos primeras semanas del rielo, cuando el estrógeno es elevado, coquetean más, piensan más en el sexo, incluso hablan en exceso. Dos días antes de la regla, en cambio, al subir la progesterona y bajar el estrógeno, se vuelven más susceptibles.
¿ESTAS DIFERENCIAS INFLUYEN EN QUE LA MUJER HABLE MÁS QUE EL HOMBRE?
A lo largo de la historia y en todas las culturas, las mujeres han hablado mucho entre ellas. La charla permite conectarlas entre sí y les sirve para transmitir información importante para la cohesión social. El hecho de hablar más no es algo negativo. Comentar detalles sobre otras personas les ayuda a entender cómo funcionan las relaciones interpersonales. Durante miles de años les ha permitido cumplir con su fundón de mantener unida a la familia y a la comunidad.
1. A las mujeres no les gustan las explosiones… ni en el arte ni en la vida
2. Las mujeres no son tan divertidas como los hombres. Son más inteligentes e incisivas, pero para ser divertidas tendrían que permitirse cierta bufonería que, sencillamente, no es elegante
3. A las mujeres les encanta que las saquen a comer.
4. A las mujeres les gustan las bodas, incluso las ajenas
5. “La noche de sólo chicas” no puede ser sugerida por un hombre
6. Ciertas veces, a las mujeres les gusta tenderse y que otro haga el trabajo
7. A las mujeres sólo les importa el 10% de las cosas que los hombres piensan sobre ellas
8. Si una mujer te ama, hablará de ti todo el tiempo. Y espera que hagas lo mismo
9. Las ropas de una mujer son complicadas, sus zapatos, frágiles, y su constitución, delicada. Así que mejor tú cargas las maletas
10. Un orgasmo es suficiente
Fuente: Squire
Así lo sugirió un estudio realizado en la Universidad de Oxford sobre los roles en el hogar. Con el objetivo de averiguar si las tasas de matrimonio en los países desarrollados están relacionadas con las actitudes frente a las tareas domésticas, un estudio ha descubierto que los hombres suecos son los más colaboradores en el hogar, lo que los convierte en los cónyuges preferidos por las mujeres a la hora de formar una familia.
De esta manera, el país nórdico encabeza el ranking de igualdad de género, seguido por Noruega, Reino Unido, Estados Unidos e Irlanda, mientras que en los últimos puestos se encuentran Alemania, Japón, Austria y Australia. Esta investigación demuestra que en las sociedades igualitarias hay un menor estigma social vinculado a que los hombres hagan lo que tradicionalmente era trabajo de las mujeres. Esto lleva a que los maridos adopten un papel más doméstico, por lo cual la probabilidad de formar un hogar armonioso es mayor en esos países.
El amor romantico se compone de tres elementos: ternura, compromiso y deseo. Los besos tienen la particularidad de activar esos tres componentes a la vez; por eso, tanto hombres como mujeres pueden determinar, a través de este acto, el nivel de conexión que existe entre ellos. Si bien la compatibilidad también es dictaminada por los sentidos, el beso juega un rol fundamental. Quizás, sea la razón de por qué tantas personas se enamoran a partir de un buen primer beso.
Qué piensan ellas:
El vínculo:
Los besos son grandes disparadores de niveles de hormonas que, a su vez,
promueven la unión y el acercamiento. La adrenalina de besar a alguien nuevo nos libera y, así, fomenta el amor romántico. Las mujeres explotan esta característica empleando los besos como una meta para fortalecer su vínculo con los hombres. También, ellas besan para la salud de la relación: los besos son un buen barómetro que indica cuán feliz es la pareja.
Manifiestan los sentidos bien profundos:
Las mujeres suelen preferir besos cariñosos y dulces, ya que cuentan con el
gusto y el olfato suficientemente desarrollados como para no necesitar otros
indicadores de compatibilidad,
Los labios entre finos e intermedios:
En el hombre, los labios gruesos pueden representar fuerte masculinidad y
dominio. Por eso, las mujeres prefieren compañeros con labios de tamaño mediano, la medida justa y equilibrada para combinar pasión y amistad.
El desacierto:
La mujer piensa completamente a la inversa del hombre cuando de reconci-
liaciones se trata. Cree que el beso no es una buena manera de recomenzar
después de un conflicto con la pareja.
Si alguna vez algún hombre se ha esforzado tanto en quedar bien contigo, al punto de portarse como un idiota, deberías tomártelo como un halago. Al menos eso es lo que nos invita a creer la ciencia, de la mano del Journal of Experimental and Social Psychology: la belleza femenina hace más brutos a los hombres, dañando gravemente su capacidad de concentración y memoria.
Un psicólogo holandés se descubrió incapaz de recordar la dirección de su propia casa tras una charla con una mujer desconocida. La situación le llevó a realizar un estudio con 40 hombres y 40 mujeres heterosexuales para comprobar el efecto de la belleza femenina sobre la mente.
Tantos hombres como mujeres fueron sometidos a la misma prueba: comprobar el número d aciertos al reconocer figuras vistas unos segundos antes. Una vez realizada la primer etapa de la prueba, los individuos charlaban 7 minutos con una guapa asistente. Después, realizaban de nuevo la prueba.
El resultado arrojó datos demoledores: la mayor parte de los hombres tuvieron problema de memoria tras la charla con la asistente. Las mujeres, no. De hecho, entre más encanto mostraron los hombres para agradar a la asistente, más fallaron.
Los resultados se basan en nuestras actitudes hacia el sexo opuesto (en un contexto heterosexual). Los hombres enfocan toda su energía en una buena candidata para la reproducción. Las mujeres, en cambio, buscan una pareja saludable, empática y fuerte, características que no se califican con una mera mirada.
1. Una mujer, o un hombre, aparcan en doble fila para recoger a los niños del colegio. Mal hecho. El conductor de una camioneta de transporte les grita, les insulta, les pone verdes. Unas calles más adelante, el de la camioneta se para en medio de la calzada para descargar. Cuando alguien le pita, él le contesta: “¡¿No ves que estoy trabajando?!”. El trabajo lo justifica todo; ocuparse de la familia, no.
“Me voy a dormir porque mañana tengo que trabajar”.
Una pareja acaba de tener una niña; un parto natural en casa. La recién nacida se despierta llorando en medio de la noche pidiendo atención. La primera noche, el padre se va a dormir a otra habitación porque “mañana tengo que trabajar”. Su trabajo en la oficina requiere que haya descansado bien. El trabajo de cuidar a una criatura todo el día (y noche), no. Ni siquiera habiendo tenido un difícil parto.
“Si tengo que cuidar al niño no tendré un buen trabajo”.
Una pareja tiene un hijo. Ella, directora de ventas en una empresa, consigue adaptar su trabajo para cuidar al bebé; deja de viajar y empieza a hacer llamadas telefónicas desde casa, reduciendo notablemente sus ingresos. Se separan. Cuando él pierde su trabajo, empieza a cuidar al niño dos tardes por semana. Cuando encuentra un nuevo trabajo, explica que tiene que implicarse al cien por cien o no conseguirá ascender, así que prefiere pagar un canguro.
“Los hombres cobran más porque son cabezas de familia”
Cada vez hay más mujeres separadas que mantienen a su familia. La realidad es que los padres separados gastan la mayor parte de su dinero en sí mismos y en sus aficiones. Y las madres en la crianza, educación y necesidades de su familia.
Muchas veces las mujeres pueden ocupar altos mandos, tener un sueldo que haría palidecer a cualquiera, gran inteligencia y habilidades, incluso gozar de buen porte o belleza física, y, sin embargo, dan la sensación de que se sienten inseguras, desprotegidas o insatisfechas consigo mismas. ¿A qué se debe? La mayoría de las veces, a la falta de capacidad que tienen de proyectarse a sí mismas con confianza y soltura. Pero no hay nada que pueda remediarse. Aquí te decimos cómo proyectar la seguridad que probablemente ya tienes, pero a la que hace falta darle un pequeño empujón.
Paséate: Cada vez que vayas a alguna reunión, desplázate por el lugar con serenidad y despreocupación. No camines apresuradamente, sino despacio y dando pasos largos y suaves.
Mirada amistosa: Para resultar atractiva no tienes que lanzar miradas sacadas de un anuncio de perfume, aunque no lo creas, una mirada breve acompañada de una sonrisa amable puede hacer maravillas por la confianza en ti misma, y la imagen que de ti perciben los demás.
Acércate, pero no de frente: Ir cara a cara puede resultarte difícil, y a la persona a la que te acerques quizá le parezca agresivo. Intenta acercarte por un lado para iniciar una conversación.
Ríe con ganas: No sugerimos que tus carcajadas sean el alma de la fiesta, pero sí que te sueltes un poco más a la hora de expresar tu alegría. No hay nada más atractivo que alguien que nos pueda demostrar, con seguridad, que en la vida hay motivos para reír sin contenerse.
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