Si los hombres son capaces de cambiar, el encuentro se producirá de nuevo, de otra manera, más abierto y más libre. Si no lo hacen, seguirá el desencuentro, cada vez más profundo.
Tratemos de establecer un nuevo pacto que por fin sea entre personas que se respetan en igualdad. Y quizás entonces el amor sea posible y duradero.
Aprender a amar asumiendo compromisos e implicación personal.
Anotar tiempos en la agenda para el cuidado de su familia y el cultivo de su relación.
Renunciar a la idea de poder y la agresividad que les coloca en situaciones de riesgo (a ellos y, muchas veces, a su familia) y les resta años de vida.
Utilizar la regla de la simetría: lo que es bueno para mí (hombre) es bueno para ti (mujer); o que espero de ti, es justo que tú también lo esperes de mí.
Detectar la mirada andró-céntrica que define la realidad en torno a los intereses masculinos y empezar a sustituirla por una visión más global, que acoja a las mujeres y al resto de seres del planeta.
Visibilizar la realidad femenina y todo lo que aportan las mujeres a la sociedad, sea retribuido económicamente o no.
Educar en la igualdad a niños y niñas, y dar ejemplo con su propio comportamiento en el ámbito familiar y social.
Errar (fallar) es humano. Aunque para muchos el dicho popular no tiene cabida en el aspecto sexual, basta con que tengan una sola erección deficiente para que sientan que han fracasado como varones. Son parte de la cultura machista que hace que se dramatice al máximo un contratiempo masculino y que el temor al fracaso pese como una espada de damocles.
¿EL MIEDO A QUE EL FRACASO OCURRA i TAMBIÉN PODRÍA VERSE COMO LA ANTICIPACIÓN DEL MISMO?
Así es. El varón teme no obtener una buena ereción y es esa misma ansiedad (quizá basada en que alguna vez le ocurrió) la que dificulta aún más el éxito del intento; su estado de nerviosismo puede desembocar en una impotencia o en una eyacularían rápida. Un encuentro donde no se logre la erección o tenga un descontrol orgásmico puede ser totalmente circunstancial, pero en algunos individuos genera el pánico a que sea definitivo y permanente y eso perpetúa el síntoma.
¿CUÁLES PUEDEN SER LAS CAUSAS?
Esto puede producirse porque los múltiples factores que intervienen pueden verse afectados durante el encuentro sexual. En los casos de temores exacerbados, las causas están relacionadas con el aspecto psíquico. Por ejemplo: debut sexual, una nueva compañera, hacerlo en un auto o en una habitación en la que se teme que alguien pueda entrar, exigencias de la pareja, problemas con el preservativo, miedo al embarazo o al SIDA. Todo esto da lugar a lo que llamaríamos una profecía auto-cumplidora: “tengo miedo de que me pase, luego: seguro que me va a pasar y, finalmente, ¡yo sabía que me iba a pasar¡” En la experiencia clínica se ve que son los varones inseguros, altamente competitivos, obsesivos, exigentes y perfeccionistas, quienes toleran menos un fracaso sexual transitorio, transformándolo en algo más grave y cronificado. Si no se los tranquiliza, van al encuentro de una mujer con la pregunta permanente: “¿esta vez b lograré o volveré a fracasar?”, y así configura, justamente, un nuevo fracaso.
No hay dudas de que una mujer, ya sea por su atractivo, su belleza, su tacto, sensibilidad, capacidad de amar o grado de entrega, puede modificar la respuesta sexual del varón. Recuerdo aquella frase de García Márquez, cuando decía que “todo hombre es impotente hasta que venga una mujer y le demuestre lo contrarío”. A quien no pueda lograr una erección no le resultará lo mismo recibir un estímulo que una burla o una desaprobación. Imaginemos que un varón en ese trance escucha frases como: “¿pero qué clase de hombre sos vos?” o “si no logras penetrarme lo nuestro se termina”. Frente a una disfunción, momentánea o crónica, está la mujer que se ofrece para acompañarlo a un especialista y está quien lo condena diciéndole: “anda que te curen y después volvé”.
¿CÓMO ACTUAR ANTE ESTOS CAMBIOS?
Cuando los varones pasan los 40 suelen tener cambios marcados en la capacidad eréctil. Algunos se van adaptando, pero hay otros que no los aceptan y luchan contra lo irrebatible. En estos últimos, el temor a fracasar es un caldo de cultivo para un desenlace frustrante. Asimilan los cambios en otras áreas físicas pero en ésta no los pueden tolerar. Así, el temor al fracaso engendra un nuevo fracaso. El miedo a que esto ocurra también podría verse como la anticipación de él. El varón teme no obtener una buena erección y es esa misma ansiedad (quizá basada en que alguna vez le ocurrió) la que dificulta aún más el éxito del intento, su estado de nerviosismo puede desembocar en una impotencia o en una eyaculación rápida.
Le preguntamos a los expertos sobre el rendimiento sexual estandar de un varón.
¿HAY UNA PERFORMANCE IGUAL PARA TODOS?
La realidad para cada varón parte de su individualidad. No hay un rendimiento sexual estándar para todo el mundo. Lo primero que debería preguntarse un individuo es cómo sería su respuesta personal frente a determinada situación erótica. Si vive obsesionado por seguir un modelo de fábula terminará dándole más importancia a aquello que lo acerca a ese ideal que a sus verdaderas posibilidades. Estos planteos aparecen con mucha frecuencia, en la clínica.
¿NOS PODRÍA DAR EJEMPLOS?
Sí. Un ejemplo es el de un adulto que podría sentirse satisfecho con una o dos relaciones sexuales por semana, pero se exige alcanzar tres o más, siguiendo un patrón ajeno a él mismo. Otro caso común es el que no acepta el transcurso de los años y pasada la barrera de los 40 pretende una respuesta sexual idéntica a la que tenia diez o veinte años atrás; es el que piensa: “no sé lo que me pasa, ya no soy el de antes, ¡ahora necesito que mi mujer me estimule para tener una erección!”, dicho de una manera dramática y no como algo favorable.
¿ES UNA INQUIETUD TÍPICA EN EL CONSULTORIO?
Sí. En las, consultas se observa con alarmante frecuencia que los pacientes mayores de 50 años suelen decir que no los estimulan -ni lo hacen ellos- con contacto directo en los genitales, y recuerdan con nostalgia que antes no necesitaban de ser tocados. En esto la fisiología no se deja mandar, los varones -con el paso de los años-van a necesitar mayor estímulo en la zona genital, durante más tiempo y de manera más vigorosa. En pocas palabras: es una impotencia por falta de estímulos.
Dentro de una relación amorosa, cada uno tiene sus propios códigos respecto a lo que le gusta o no saber de su pareja, pero hay algunas generalidades que debemos atender si no queremos fracasar. He aquí algunos ejemplos:
1. “Ustedes dos se llevarían muy bien”: Sí, craso error si señalas que otro hombre te parece lo suficientemente interesante como para compartir puntos con él… peor aún si se trata de alguien con quien estuviste saliendo.
2. “Estás gastando demasiado, ¿no?”: Cuestionar su forma de manejar el dinero no es una buena idea, sobre todo cuando éste se encuentra muy relacionado con la identidad masculina. Si crees que es necesario señalarle un compromiso económico innecesario, procura no sonar igual que su madre, sino como una compañera que le aconseja.
3. “Tú no eres como esos idiotas”: Si le haces ver que lo consideras muy superior al resto de la especie masculina, le generarás dudas e inseguridad. Dudas, pues le hace pensar si no te expresarás también de él, en un futuro, como un “idiota” más, e inseguridad respecto a si puede asumir la responsabilidad tan grande que estás adjudicándole.
Recuerda que no es tanto lo que se dice, sino la manera en que lo haces: a veces el fondo se construye a partir de la forma.
Actualmente, existe la creencia generalizada (apoyada por la mercadotecnia) de que para ser una mujer realizada hay que tenerlo todo: una exitosa carrera profesional, esposo, hijos, casa propia, el don de la cocina internacional y un buen quitamanchas para la ropa. Por otro lado, a las mujeres que aún no obtienen el paquete completo (es decir, aquellas que tienen una exitosa carrera profesional y una sólida posición económica, pero que aún no cuentan con una pareja y/o hijos) se les sigue insistiendo sobre la inconveniencia de ser demasiado ambiciosas o independientes, tanto así que aquellos potenciales compañeros se “asusten” al pensar que quizá no se les necesite. ¿Qué hacer?
La verdad es que hay demasiada presión social sobre el papel que le corresponde desempeñar a la mujer contemporánea en todas las esferas de su vida. Pero, ¿qué hay del sexo opuesto?
Tanto si tienes pareja como si no, recuerda que no hay necesidad de que nadie se asuste. La comunicación en este aspecto es esencial: los hombres también deben participar en los cambios que están llevándose a cabo en lo personal, familiar y laboral. Es necesario definir a qué le temen y qué es lo que desean verdaderamente para poder conciliar las metas de unas y otros, y así conseguir relaciones amorosas plenas y armónicas.
1. A las mujeres no les gustan las explosiones… ni en el arte ni en la vida
2. Las mujeres no son tan divertidas como los hombres. Son más inteligentes e incisivas, pero para ser divertidas tendrían que permitirse cierta bufonería que, sencillamente, no es elegante
3. A las mujeres les encanta que las saquen a comer.
4. A las mujeres les gustan las bodas, incluso las ajenas
5. “La noche de sólo chicas” no puede ser sugerida por un hombre
6. Ciertas veces, a las mujeres les gusta tenderse y que otro haga el trabajo
7. A las mujeres sólo les importa el 10% de las cosas que los hombres piensan sobre ellas
8. Si una mujer te ama, hablará de ti todo el tiempo. Y espera que hagas lo mismo
9. Las ropas de una mujer son complicadas, sus zapatos, frágiles, y su constitución, delicada. Así que mejor tú cargas las maletas
10. Un orgasmo es suficiente
Fuente: Squire
Hay dos tipos de varones, están los que disfrutan de eso y van con ellas a lugares fashion y se divierten, y están los que se sienten marginados o excluidos de ese mundo. Sienten que las mujeres los superan, no les gusta o les da inseguridad. Los varones se están encontrando con mujeres que ganan más dinero que ellos, que tienen mejor auto y mejor departamento. Los varones no estaban acostumbrados a estas mujeres. Algunas hasta son ellas mismas las que proponen un “touch and go” o relaciones sexuales sin amor. ¿Y cómo lo toman los hombres? El doctor Sapetti explica:
Algunos quedan sorprendidos. No entienden, porque ese era un código que ellos aplicaban, pero no les gusta que se lo apliquen a ellos. El concepto
sociocultural con el que estos varones fueron socializados es que ellos podían tener relaciones sexuales con distintas mujeres, supieran o no el nombre, podían ser prostitutas o travestis, y después nunca más. Por el contrario, a las mujeres se les inculcaba la idea de que para tener sexo tenían que estar enamoradas, o por lo menos conocer al hombre, sentir que había afecto. Es decir, la asociación sexo y afecto era fundamental para las mujeres.
Así lo sugirió un estudio realizado en la Universidad de Oxford sobre los roles en el hogar. Con el objetivo de averiguar si las tasas de matrimonio en los países desarrollados están relacionadas con las actitudes frente a las tareas domésticas, un estudio ha descubierto que los hombres suecos son los más colaboradores en el hogar, lo que los convierte en los cónyuges preferidos por las mujeres a la hora de formar una familia.
De esta manera, el país nórdico encabeza el ranking de igualdad de género, seguido por Noruega, Reino Unido, Estados Unidos e Irlanda, mientras que en los últimos puestos se encuentran Alemania, Japón, Austria y Australia. Esta investigación demuestra que en las sociedades igualitarias hay un menor estigma social vinculado a que los hombres hagan lo que tradicionalmente era trabajo de las mujeres. Esto lleva a que los maridos adopten un papel más doméstico, por lo cual la probabilidad de formar un hogar armonioso es mayor en esos países.
Segunda parte.¿En que piensan ellos realmente? ¿Qué hacen cuando no los estamos viendo? ¿Acaso tienen los mismos temores y preocupaciones con el aspecto que nosotras? Pues chicas están prontas para leer lo que ellos piensan de nosotras, de sus inquietudes, y de sus estrátegias para lucir mejor. Te seguimos contando que pasa por su cabeza!!!!
–Las chicas son mucho más fuertes que los hombres. Según los hombres no les importaría reconocer que se les saltarían las lágrimas si tuvieran que depilarse las ingles con cera. Y las chicas lo soportan como si nada.
–Intentar que se les pase un enfado a base de caricias y besitos las pone aún más furiosas.
–Por alguno extraño capricho de la naturaleza nací con unas uñas perfectas que parecen que me hago la manucira todas las semanas. Así que en cuanto puedo, se lo comento a la chica con la que estoy saliendo. No quiero que piende que soy un metro-sexual.
–Exite una razón biólogica, cinetíficamente demostrada, que explica por qué los hombres se quedan dormidos después de hacer el amor.
–Ellas admiran nuestro pelo pero no soportan que dediquemos demasiado tiempo a nuestra cabellera. Lo que ellas no saben es que cuando estoy con una chica dejo el grifo abierto para que piensen que todavía me estoy duchando cuando en verdad lo que estoy haciendo es colocando los pelitos de mi cabeza hasta que queden perfectos.
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