Muchas personas “dicen verbalmente” algo pero lo contradicen con un solo movimiento o un gesto. Por eso, ¿cómo hacer para que nuestra expresión sea coherente? ¿Cómo lograr los objetivos de comunicación propuestos para mejorar la relación con el entorno y cumplir nuestras metas? A continuación detallamos las 5 reglas de oro cuando de comunicación corporal se trata:
- Sonreír más a menudo: ello demuestra buena predisposición con la situación presente, así como un talanteadecuado para la comunicación.
- Aunque suele ser un gesto mecánico, es importante controlar el ceño fruncido: en el interlocutor, ese movimiento llega como una sugerencia de interrumpir la conversación, cambiar de tema o apartarse.
- Manejar la mirada: no abandonar la línea que une *nuestros ojos con los del interlocutor, y mirar hacia abajo. Esto denota tristeza, alicaimiento o desanimo.
- Abrir los ojos: cuando están entrecerrados, muestran *tensión, desacuerdo o una ira contenida.
- Relajar la dentadura: al escuchar, tratar de no contraer las mandíbulas porque eso se nota en la cara. Parece como si se quisiera decir algo y no se puede, o como si se alimentara un enojo creciente en nuestro interior. Mantenga la boca relajada
Los movimientos corporales que aportan significados a la palabra oral, durante un evento comunicativo, pueden tener o no una intención. Del análisis de estos movimientos y señales se encarga la kinésica: disciplina que estudia la comunicación no verbal, no mediada por palabras, en la que tienen un rol preponderante el movimiento y el uso del espacio. A continuación veremos más información sobre la kinesia.
• Las investigaciones sobre kinesia afirman que existe más de un millón de signos corporales involuntarios que se pueden crear con el cuerpo.
• Estos mensajes pueden decir mucho más de lo que se expresa con palabras; incluso, pueden refutar lo que se cree afirmar de manera elocuente y sin dudas. Continuar leyendo »
Muchas personas “dicen verbalmente” algo pero lo contradicen con un solo movimiento o un gesto. Por eso, ¿cómo hacer para que nuestra expresión sea coherente? ¿Cómo lograr los objetivos de comunicación propuestos para mejorar la relación con el entorno y cumplir nuestras metas? Continuamos presentando ciertos movimientos esenciales que envían un mensaje que, tal vez, para nosotros sea inesperado o imprevisible. Entonces, ¿qué tipo de actitudes expresan sentido y envían un mensaje?
Señal: Acariciarse la barbilla, presionar con suavidad el tabique nasal o mesarse la barba mientras se escucha. Mensaje: El oyente está concentrado en lo que dice su interlocutor.
Señal: Carraspeo; moverse mucho en el asiento; pellizcarse las orejas; taparse la boca abierta sin bostezar ni toser. Mensaje: Estado de nervios, ansiedad, angustia o incomodidad profunda.
Señal: Estar de pie con los brazos extendidos o apoyados sobre una mesa o respaldo, sin cruzarlos ni entrelazar los dedos. Mensaje: Valentía, capacidad de determinación y energía para la acción.
Señal: Manos en los bolsillos, dejando el pulgar afuera. Mensaje: Inquietud, incomodidad, confusión.
Señal: cruzar las piernas o cruzarse de brazos; mientras se está sentado, entrelazar los brazos por detrás en el respaldo del asiento. Mensaje: actitud a la defensiva, desconfianza, temor o sensación de amenaza.
Aunque con el correr de las clases se irá profundizando en el conocimiento del lenguaje corporal, es bueno que desde la primera entrega se cuente con alguna información útil en estos temas. Por eso, aquí presentamos ciertos movimientos esenciales que envían un mensaje que, tal vez, para nosotros sea inesperado o imprevisible. Por eso, hay que tener en cuenta estas “elecciones corporales” a la hora de comunicarse. En este escenario de complicaciones, la kinesia identifica ciertos movimientos y posturas que denotan una actitud particular, a saber:
Señal: Palmas de las manos extendidas, mientras se habla. Mensaje: Sinceridad y honestidad al expresar las propias intenciones.
Señal: Mirar de reojo; frotarse las fosas nasales con el dorso del dedo; rascarse las orejas.
Mensaje: Indecisión, desconocimiento, desconfianza o falta de información sobre una propuesta o comentario ajena.
El cuerpo habla de forma particular ya que tiene sus propias reglas y contenidos, y estos son tan valederos y fuertes como lo que dicen las palabras. Muchas personas “dicen verbalmente” algo pero lo contradicen con un solo movimiento 0 un gesto. Por eso, ¿cómo hacer para que nuestra expresión sea coherente? ¿Cómo lograr los objetivos de comunicación propuestos para mejorar la relación con el entorno y cumplir nuestras metas? este curso de lenguaje corporal ofrece todas las herramientas necesarias para que nuestro cuerpo no sea el principal enemigo de nuestros comentarios y se transforme en nuestro mejor aliado.
Seguramente, alguna de estas situaciones ha llamado nuestra atención alguna vez: Continuar leyendo »
Temor a ser rechazado, miedo a expresar las ideas propias, pánico a quedar ridículo ante los miembros de un grupo. Todos estos son sentimientos que suele experimentar una persona cuando es excesivamente tímida. Sin embargo, modificar esta actitud no es una tarea imposible. Cuando un individuo busca todo el tiempo la aprobación y aceptación de los demás, suele sentirse frustrado ante cualquier tipo de rechazo, por más mínimo que sea. Eso puede provocar que la persona se encierre en sí misma y quiera interactuar lo menos posible con sus pares para que no le suceda lo mismo.
Hay mucha gente que se siente intimidada por determinadas situaciones, pero se encuentra cómoda y confiada en otras. Si a ti te pasa, existe una forma práctica de averiguar cuáles son las razones que causan su timidez. Consiste en anotar, a lo largo de una semana, en qué momentos y lugares se sintió fuera de lugar. También puede escribir los pensamientos y sentimientos que le surjan en la mente en esas ocasiones. Luego lea las notas. Analizarlas te permitirá modificar tu actitud. Una de las formas de cambio consiste en liberarse de todas aquellas ataduras y conjeturas negativas que bloquean su mente y le impiden actuar. Continuar leyendo »
Frases como “todo me sale mal”, “nadie me quiere”, “me tiene bronca” y otras de la misma índole, son las que pueden invadirnos a diario y hacernos ver la vida con un lente bastante oscuro. Se trata de los pensamientos negativos. Para la doctora Graciela Moreschi, médica psiquiatra, este tipo de pensamientos (también denominados disfuncionales), por lo general están ligados a ciertas creencias culturales, es decir, tienen que ver con lo trasmitido y las generalizaciones hechas a partir de la experiencia: “Si alguien fija su atención siempre en lo que le falta, porque sus padres marcaban sólo los errores, tendrá una mirada sesgada de la realidad que justifica pensamientos tales como “todo me sale mal”, “nadie me quiere”, ignorando las situaciones agradables, de éxito o de amor”.
Pero hay más: “Si alguien cree que “si se comete un error es un fracaso”, tendrá pensamientos del tipo: “no puedo equivocarme” y esto originará una ansiedad que hará que probablemente se equivoque. Y ni qué hablar, si además nos cargamos de exigencias imposibles de cumplir. De aquí a la depresión hay un solo paso” detalla la especialista.
Dentro de una relación amorosa, cada uno tiene sus propios códigos respecto a lo que le gusta o no saber de su pareja, pero hay algunas generalidades que debemos atender si no queremos fracasar. He aquí algunos ejemplos:
1. “Ustedes dos se llevarían muy bien”: Sí, craso error si señalas que otro hombre te parece lo suficientemente interesante como para compartir puntos con él… peor aún si se trata de alguien con quien estuviste saliendo.
2. “Estás gastando demasiado, ¿no?”: Cuestionar su forma de manejar el dinero no es una buena idea, sobre todo cuando éste se encuentra muy relacionado con la identidad masculina. Si crees que es necesario señalarle un compromiso económico innecesario, procura no sonar igual que su madre, sino como una compañera que le aconseja.
3. “Tú no eres como esos idiotas”: Si le haces ver que lo consideras muy superior al resto de la especie masculina, le generarás dudas e inseguridad. Dudas, pues le hace pensar si no te expresarás también de él, en un futuro, como un “idiota” más, e inseguridad respecto a si puede asumir la responsabilidad tan grande que estás adjudicándole.
Recuerda que no es tanto lo que se dice, sino la manera en que lo haces: a veces el fondo se construye a partir de la forma.
Muchas parejas deciden embarcarse en la feliz aventura de vivir juntos. Pero, ¿realmente están listos para dar ese paso? Respóndete estas preguntas para averiguarlo.
1. ¿Quieres? ¿Realmente lo deseas? Quizá sólo quieras escapar de la situación en que te encuentras ahora (un piso compartido que no te gusta, la soledad, etcétera), o quizá aceptes sólo para complacerle. Si es un deseo propio, sigue adelante.
2. ¿Tienen las condiciones económicas necesarias? No esperes que todo sea como ahora: habrá que compartir gastos fuertes y ambos deben responder. No temas hablar de estos temas con tu pareja, pues no sólo te juegas el amor, sino el dinero, que representa tu bienestar e independencia.
3. ¿La relación tiene problemas? Si hay mucho lío ahora que ambos muestran en mejor lado de cada uno, imagínate en el día a día, donde las pequeñas cosas cuentan como pretexto para una buena pelea. Si están de acuerdo en lo esencial, por lo menos, van por buen camino.
4. ¿Se conocen realmente? Lo mejor será que cada uno sepa con qué va involucrarse de ahora en adelante: tienen que saber si uno es desordenado y el otro maniaco de la limpieza, si ahorra o despilfarra, si prefiere madrugar o desvelarse. Todas estas cosas cuentan, a veces más que el amor.
Muchas veces, tenemos conflictos en nuestra pareja sin que algo verdaderamente esté afectando la relación. Simplemente, alguno de los dos tuvo un mal día, hay demasiadas presiones en el trabajo o con la familia, o una insatisfacción subyacente que no se aquieta ni con caricias. ¿Cómo salir airosos de tan espinosa situación? Identifica en cuál de los extremos te encuentras y actúa en consecuencia.
Un poco de espacio: Si nuestra pareja tiene ánimo de pelea, lo mejor es retirarse con calma y dejar que el tiempo pase. Lo ideal es que quien esté calmado no juegue al ofendido, sino que simple y discretamente tome un paso atrás, sin mal humor ni reclamos. La ira es contagiosa: mientras uno se mantenga firme en la decisión de no pelear, es probable que el otro se calme.
Un poco de cercanía: Si lo que sucede es una ráfaga de tristeza o los síntomas de una depresión, no es aconsejable apartarnos. Al contrario, debemos darle la confianza necesaria para que nos cuente cuál es la raíz de ese sentimiento, proponerle actividades que le estimulen y lo aparten de los sentimientos negativos. No permitas que la tristeza te absorba a ti también. Encuentra momentos paralelos en los que puedas despejar un poco el ánimo y recobrar fuerzas para seguir apoyando a tu pareja, si lo necesita.
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