Sientes que quedas con tus amigos tan sólo para pasar el tiempo? ;Te gustarÃa compartir tus sentimientos, preocupaciones y anhelos profundos pero no sabes por dónde empezar? La clave está en abrirte y empezar a ser tú mismo.
Quizás aún no te has dado cuenta, pero durante años has creado una imagen de ti para relacionarte y ser aceptado socialmente. Como explica Miguel Ruiz en su libro Los cuatro acuerdos (Urano), la presión social por cómo deberÃamos ser provoca que adoptemos “máscaras” de forma inconsciente. Para superar el freno a mostrarte cómo eres y la necesidad de aceptación, puedes seguir estas tres pautas: Continuar leyendo »
¿Sueles confiar o desconfiar en los demás? ¿Te sientes seguro en compañÃa? Cuando algo te preocupla, ¿buscas la compañÃa de tus amigos, o tiendes a aislarte? El estilo de apego es el grado de seguridad que experimentamos en las relaciones interpersonales. Hay cuatro estilos:
El apego preocupado: Surge de una baja autoestima y una alta confianza interpersonal. La pesrona se valor de forma negativa , pero espera que los demás la acepten. Necesita ser apreciada y experimenta angustia por el temor a ser rechazado. Sufre mucho cuando discute con amigos, compañeros, familia, pareja…
El apego temeroso- evitador: La baja autoestima y baja confianza en los demás hace que estas personas eviten la cercanÃa emocional para protegerse del dolor de ser rechazados. Suelen tener relaciones conflictivas: hostilidad, enfados, celos…Reflexiona sobre si deberÃas trabajar tu autoestima y confianza para mejorar tu vida.
¿Sueles confiar o desconfiar en los demás? ¿Te sientes seguro en compañÃa? Cuando algo te preocupla, ¿buscas la compañÃa de tus amigos, o tiendes a aislarte? El estilo de apego es el grado de seguridad que experimentamos en las relaciones interpersonales. Hay cuatro estilos:
- El apego seguro: Surge de una alta autoestima y una alta confianza en los demás, lo que propicia la facilidad para entablar y mantener relaciones. La persona se siente cómoda con otros y está capacitada para relaciones duraderas, satisfactorias y comprometidas. Cuando algo le preocupa, tiene facilidad para expresarse y sabe aceptar ayuda.
- El apego aprovechador: Deriva de una alta autoestima y una baja confianza interpersonal. Define a las personas que prefieren depender de sà mismas que de los demás, pues se consideran valiosas e independientes. No les gusta compartir sus pensamientos, sentimientos ni preocupaciones, porque creen que los demás no pueden ayudalos o incluso les fallarán.
Aprovecha cualquier ocasión, desde hablar con un colega a ir a comprar el diario, para tratar con respeto a los demás. AsÃ, podes contagiar una buena energÃa que se seguirá expandiendo entre tus vÃnculos; y, en última instancia, va a volver a vos.
Al no incluir la amabilidad en nuestra forma de dirigirnos a los demás, podemos perder grandes oportunidades ¡Naturaliza la generosidad en tu vida diaria!
Limpia tu conciencia
Evita ofender a los demás. Por más que no vuelvas a cruzárte¬los, la conciencia siempre te va a recordar un mal gesto.
Escúchate a ti mismo
Nuestra voz interior nos ayuda a detectar señales no verbales que andan dando vueltas; por ejemplo, si una persona es confiable, si es buena o si, por el contrario, es malintencionada. ¡Aprovecha esa cualidad que tenemos!
Ayudar a nuestra pareja cuando está en un mal momento suele ser un gesto muy bueno y solidario. Pero a veces, podemos llegar a resultar invasivo. ¿Dónde está el punto medio? Cuando nuestra pareja, amigos o familiares están angustiados, es frecuente que sintamos impotencia y queramos ayudarlos a cualquier costo. Pero no todos reaccionamos del mismo modo cuando estamos viviendo un momento difÃcil. Algunas personas prefieren estar solas, no hablar demasiado o, incluso, se irritan cuando uno busca ayudarlos.
Tratar de cumplir efectivamente con todos los compromisos de la vida familiar —horarios de colegio, actividades, turnos, compras, viajes— nos puede dejar con poco tiempo extra para reunirnos con nuestros amigos. Sin embargo, la actitud que debemos tomar no es la de frustrarnos u ofuscarnos con la realidad, sino la de organizarnos.
De chicos, bastaba compartir un rato con alguien para su mar un nuevo amigo. Ya fuera un vecino en el caballito de la calesita o un compañero en el arenero, las amistades espontáneas se iniciaban con gran naturalidad. De hecho, algunos de esos vÃnculos ganaron tanta solidez que, incluso, pueden haber perdurado hasta hoy (del jardÃn de infantes, la colonia, el primario, el club y la secundario).