PsicologÃa: El silencio
Practicar el silencio significa comprometernos a destinar cierta cantidad de tiempo sencillamente a ser. Tener la experiencia del silencio significa renunciar periódicamente a la actividad de hablar. También significa renunciar dÃa a dÃa a actividades tales como ver televisión, escuchar radio, o leer. Si nunca nos damos la oportunidad de experimentar el silencio, esto crea una turbulencia en nuestro diálogo interno. Destinemos un corto tiempo, de vez en cuando, a experimentar el silencio. O, sencillamente, comprometámonos a hacer silencio durante un determinado tiempo, todos los dÃas. Podrán ser dos horas, o si eso nos parece mucho, hagámoslo durante una hora. Y de vez en cuando dediquemos un perÃodo largo a experimentar el silencio, por ejemplo todo el dÃa, o dos dÃas, o hasta una semana. ¿Qué sucede cuando entramos en esta experiencia del silencio? En un principio, nuestro diálogo interno se vuelve todavÃa más turbulento. Sentimos la necesidad apremiante de decir cosas.
Hemos conocido personas que llegan a la desesperación total el primer o el segundo dÃa que se consagran a guardar silencio durante un perÃodo prolongado. Súbitamente los invade una sensación de urgencia y de ansiedad. Pero a medida que perseveran en la experiencia, su diálogo interno comienza a callar. Y al poco tiempo, el silencio se vuelve profundo. Esto se debe a que después de cierto tiempo, la mente se da por vencida; se da cuenta de que no tiene sentido insistir e insistir si el yo – el espÃritu, el que decide – no desea hablar, y punto. Luego, cuando calla el diálogo interior, empezamos a experimentar la quietud del campo de la potencialidad pura.
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