Más sexy con pequeños detalles (I)

Cuando se trata de resultar más atractivas no se escatiman esfuerzos, pero tampoco en frustraciones: casi siempre se tiende a pensar que es necesario tener un cuerpo delgado y sinuoso, o un rostro de rasgos exóticos para considerarse cerca del ideal sexy. Sobra decir que sólo un pequeño porcentaje de la población mundial encaja con ese modelo de belleza, y que ésta resulta tan subjetiva y difícil de encasillar que no debería ser motivo de angustia.

Seguramente habrás escuchado esto un millón de veces, pero , ser sexy tiene que ver más con sentirte a gusto en tu propio cuerpo, con tu propio estilo, con tu manera única de estar en el mundo, que con una apariencia similar a la de una top model (quienes en el día a día pueden ser más infelices que una por no poder comer todo lo que quisieran o por mantener una imagen impecable a cada momento, lo cual resulta francamente agotador).

Estar contenta contigo misma puede reflejarse a través de pequeños detalles que no resultan insignificantes, pues forman parte de nosotros y de lo que compartimos con los demás al hablarles, al tocarlos, al hacerlos parte de nuestra vida. Dice el dicho “Dios -o el Diablo, según- está en los detalles”, así que toma nota de estas minucias que pueden operar un gran cambio en ti: las uñas, los accesorios, el cabello, la sonrisa, el aroma, la voz.

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